La espiral en la que se ven atrapadas buena parte de las mujeres que ejercen la prostitución les hace casi imposible escapar de las redes del proxenetismo. Una redada en un club de alterne practicada el pasado mes de mayo en Bellavista, que se saldó con 17 personas detenidas -entre ellas los propietarios del negocio y otras once mujeres extranjeras que se encontraban en situación irregular-, actualizó las cifras que se manejan en el mercado del sexo en Sevilla. Cada mujer tenía que pagar 30 euros diarios por el uso de la habitación y cobraba 60 euros por cada 20 minutos de relación sexual con los clientes. De este dinero, el club se quedaba con 15 euros. Además, el importe de las copas consumidas en el local era dividido al 50% entre la casa y las mujeres que trabajaban en el establecimiento.
Según un informe de la Fundación Alternativas, entre 300.000 y 600.000 mujeres ejercen la prostitución en España. El 85% de ellas son extranjeras, la mayoría en manos de mafias. Sólo un 7% está formado por hombres, transexuales y travestis. Este colectivo estima en más de 3.600 los burdeles abiertos en las ciudades y carreteras españolas. La edad media de inicio son los 14 años y las cifras del negocio de la prostitución rondan los 18.000 millones de euros al año (50 millones de euros al día). De hecho, las ONG estiman que una mujer con una media de 30 servicios al día trabaja entre 10 y 15 horas para las mafias. Un dato más. El Instituto Nacional de Estadística recoge que el 27% de los hombres españoles de entre 18 y 49 años admite haber mantenido relaciones con una prostituta al menos en una ocasión durante su vida.
En Sevilla, según datos de la ONG Médicos del Mundo, el 80% de las prostitutas son extranjeras y alrededor del 50% están en el país en situación irregular. La mayoría procede de América Latina, África y Europa del Este. De hecho, el 92% de estas chicas no ejercía esta profesión en su país de origen. La edad media son 30 años. Las más jóvenes son las rumanas y nigerianas, de 19 y 20 años, respectivamente.
¿Cómo actúan otros países y regiones en la lucha contra la prostitución? Uno de los primeros países en penalizar la compra de servicios sexuales fue Suecia. Lo hace desde 1999, con resultados notables. En 2003 la prostitución callejera en el país se había reducido a 450 mujeres y en 2005 más de una treintena de clientes fueron condenados a penas de 6 meses de cárcel, luego permutadas por multas. Alemania y Holanda, por contra, reconoce la prostitución como una actividad económica y las trabajadoras pagan impuestos, si bien las autoridades holandesas se han propuesto cerrar los escaparates del famoso Barrio Rojo de Amsterdam.
En España, Barcelona fue la pionera con una ordenanza que castiga tanto a clientes como a prostitutas. El pasado año, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal interpuso 2.937 sanciones relacionadas con la prostitución. De ellas. Sólo el 30% -alrededor de 874- recayó sobre clientes. También Valencia lo hace.
Otras ciudades como Málaga, Bilbao y Sevilla han anunciado que adaptarán el modelo catalán a sus ordenanzas. Madrid, por su parte, ensaya desde enero pasado una iniciativa pionera: la instalación de una treintena de cámaras en un circuito de videovigilancia en la calle de la Montera, junto a la Puerta del Sol, punto tradicional de encuentro con prostitutas que contratan los servicios en la calle y los desarrollan en pensiones de la zona. Otra idea articulada en la capital española es la restricción al tráfico mediante modificaciones puntuales en la ordenanza de Movilidad. Así, el Consistorio madrileño está dispuesto a cerrar al tráfico zonas como la Colonia Marconi y tramos de la Casa de Campo para sondear la medida.
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